“Al no encontrarles nada más en la mirada –porque los guachos son cabrones sicólogos, hermeneutas del alma, exégetas de los gestos- que el reflejo oscuro de sus mezquinas existencias, se metieron los carros a la calle de junto...” Era muy de mañana y se extendía negrísimo el cielo de nublado. Yo estaba en la carretera federal que parte al pueblo a la mitad, justo debajo del puente peatonal. Allí esperaba, como cada mañana, a los alumnos rezagados que llegan de otras poblaciones.