Entre abril de 1992 y febrero de 1996, la ciudad bosníaca de Sarajevo vivió un asedio que provocó un éxodo: más del 30 por ciento de la población abandonó sus hogares en busca de sobrevivir. En otros casos, la muerte les impidió marcharse. Principalmente a la población musulmana. Poco a poco, la ciudad sitiada se quedó sin suministro de víveres, de agua y de energía eléctrica; entre penumbras, los habitantes se movían ora para salvar sus vidas, ora para que incluso los alcanzara una bala o en busca de agua y...