Descoordinación

Dos policías estatales instalan un retén en una carretera que forma parte del tejido delincuencial desde que hará 10 o 12 años mataron al ayudante municipal de Tehuixtla por denunciar a un grupo dedicado al tráfico de drogas.

Es el camino que lleva de este balneario a Puente de Ixtla, por El Estudiante, famoso por su rico caldo de bagre, se instalaron dos policías. Parece extraño que de acuerdo a las características geográficas de la violencia, se animen un par de efectivos policiacos a retener a dos camionetas, una doble cabina y una Toyota, con varios sujetos a bordo. Eso, normalmente, lo realizan operativos conjuntos: militares, federales, estatales y municipales, con ministerios públicos locales y federales y si lo quieren hacer completamente legal con personal de las comisiones de derechos humanos.

Murió un policía y el otro fue lesionado a cachazos, lo que nos ratifica la amplia superioridad de la delincuencia, robándoles de paso sus armas de cargo. ¿Es increíble? No lo es. Así están las cosas. Pobres elementos policiacos que no fueron alertados por superiores de evitar actuar en inferioridad, en parajes solitarios y cuando existen más de una unidad sospechosa. Los retenes que ilegales, inconstitucionales y demás, se colocan a toda hora por la corporación que sea. Lo acabamos de vivir.

En el par Vial Atlacomulco—Parres, ahí de las nueve de la noche, encapuchados policías municipales detenían en los dos sentidos en el entronque que lleva a la Feria de la Flor. Prendimos las luces interiores y colocamos las manos en el volante, como marca el manual de la supervivencia y ya la costumbre. Vimos un pequeño auto y dos jóvenes conocidos siendo revisados, lo que generó que con el paso dado por los policías, avanzáramos lentamente, lo que molestó a uno de ellos que nos hizo detener metros adelante. “¿Quién es usted? ¿Por qué mira tanto?” Estaba encapuchado, lo menos que puede esperarse de un tipo así, es una madriza y lo más y balazo. Mejor la identificación. Quiso justificarse: “Es que hay mucho robo de vehículos y asaltos, ojalá los periódicos digan las cosas como es”. Jamás le enseñamos alguna credencial de prensa. No usamos, hará 20 años. Para qué. Era obvio que conocía al que escribe, que iba solo.

Al día siguiente platicamos con uno de los muchachos. “A mí me quitaron 100 pesos y al que manejaba 200, porque nos tomamos dos cervezas y tenía aliento alcohólico. Estuvo bien”, dijo. Ni hablar. Era, claro, un retén para bajar gente con su dinero.

La parte contraria vivimos hará dos semanas que por necesidad de un medicamento, la receta sólo la podía surtir una farmacia en Ahuatepec. Casi cerraban, pasaban las nueve y media de la noche. Justo en los límites con Ahuatepec se encontraba un retén de la Policía Federal Preventiva, en ambos sentidos. Prendido de luces, manos al volante, haciendo uso de “vidrios abajo y manos arriba”, que tanto pregonamos en esta columna para estos casos. Con la lámpara nos dieron el siga mientras revisaban varios vehículos. No vieron que metros atrás, al verlos, una pareja en una motocicleta viró 180 grados y regresó. Era obvio que no quería ser revisado por los policías. El retorno fue igual, y un elemento nos hizo una señal. Bajamos el vidrio lateral delantero y nos dijo: “tan sencillo que es prender las luces, nos evitaríamos tiempo y problema, pero por estos rumbos está delicada la situación, los delincuentes usan caminos de terracería laterales, nosotros hacemos lo que podemos”, y se retiró tras unas buenas noches que sabían sinceras.

Otro tema, pero también de seguridad, fue el brutal ajuste en contra de un sujeto vendedor de drogas, al que fueron a matar el grupo rival a su casa en Zapata, y en tanto el tipo ese corría, dejaba a su familia dentro, fueron acribillados los cinco, incluso él cuando intentaba saltar una barda, y en los brazos de una joven señora, destrozada y sin vida una bebé de tres meses. ¡Qué poca madre! Sobre todo del que en su hogar, con su familia, tenía gran cantidad de droga, una báscula para pesarla y armas largas. Un pájaro de cuentas. Y los otros porque agarraron parejo. A saber cuántos de la familia estaban en el negocio, pero la pequeña de tres meses, sí escandaliza.

 

Dobles Gracias

 

Primero a un par de amigos especiales en los días previos, y ayer a los tantos cuates que nos felicitaron por el cumpleaños. “Con razón eres tan raza, naciste el 12 de octubre”, nos comentaba Raúl Sánchez desde Minneapolis. Y no faltaron los que por teléfono nos cantaban “Las Mañanitas de Xoxocotla”, esas que dicen “...por allá viene bajando (en este caso junto con Angélica, la carnala seis años menor pero del mismo día), por allá por La Cañada, que viva 500 años… ¡el jijo de la tiznada!”.

Cuando menos 24 horas y así hacemos otro rosario. Gracias a todos.

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