Por momentos el concierto Un azteca en el Azteca se convierte en un karaoke de 85 mil almas entregadas a Vicente Fernández, el máximo ídolo de la canción ranchera, en una noche en la que el potrillo Alejandro Fernández lo definió como único, histórico, en un momento en el que Chente presentó al menor de sus hijos, quien con él cantó Paloma Querida.