Carretera nocturna

Carretera nocturna
Carretera nocturna

Viajar por carretera, devela misterios, pero viajar por carretera durante la noche invoca a espíritus internos que a veces olvidamos habitan en nosotros.

El placer de recorrer el camino en automóvil despierta a la exploradora, a la astrónoma, a la naturalista y a muchas otras fantasmas intrépidas que poco se espabilan para sacar la cabeza por la ventanilla y disfrutar del golpe tierno del viento en el rostro.

El trayecto del recorrido comienza a ser viaje cuando tiene la duración suficiente para que la mente vuele siguiendo la inercia del automóvil. Hay un punto en que se me olvida el destino y sólo sé del instante, del recorrido, de los parajes, del movimiento, de la música y de mi aguerrido acompañante.

La noche se prolonga en un túnel en donde las líneas fluorescentes de las señalizaciones se convierten en serpientes de luz adelantadas en velocidad y distancia hacia el horizonte. Hacia otro mundo, el mundo de las siluetas, de lo desdibujado, la dimensión de las suposiciones, de criaturas sombra aproximándose paralelamente o simplemente compartiendo la misma ruta.

La luna y las estrellas nos persiguen fieles arrojando sobre nosotros incógnitas y acertijos, preguntas filosóficas que todo viajero nocturno conoce. El mundo de la periferia visual existe a diferente ritmo; los árboles se unen entre sí en su oscuridad corpórea formando gigantes montaraces. La carretera se transforma en el lomo de una mamba negra de dimensiones planetarias que me transporta sobre su cuerpo de asfalto. Las luces pérdidas de algún poblado son microorganismos bioluminiscentes de los abismos acumulándose en los valles dormidos.

Viajar en carretera me agudiza mágicamente los sentidos. La música sabe mejor, la conversación llega mi cerebro como si fuera un aroma delicioso y los recuerdos de viaje de cuando era niña al lado de mi madre, hermana, tías y abuela regresan con un chasquido de dedos. No puedo hacer otra cosa más que sonreír con todo el cuerpo.

Viajar de noche es como cruzar un sueño de acción, da la misma sensación de vértigo y valentía. Cuando el camino es únicamente tuyo y otros automóviles no interfieren con la comunión de trotamundos, la velocidad es como una caída horizontal, es una marea alta en el estómago, un salto libre desde el corazón es un suspiro que termina lentamente como el de una muerte dulcísima. Hasta que el día nuevamente abre los ojos.

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