El sitio del lobo

El sitio del lobo
El sitio del lobo

El bosque trepa murmullos a los muros, agita el follaje, respiran las copas y delante de mis ojos su coreografía sombra se desviste en el plafón. Hay un arrullo aquí. Hoja caída navegante, soñadora del riachuelo constelado. Vertida en la lámpara, la luna se mece, el fantasma de su luz deambula trémulo asomado a mi rostro.

Un farol exterior ha proyectado el alma de la ventana sobre la cabecera. Hay caminos en mi vientre a la médula del limo. Vienen los murmullos de las semillas a enlazarse debajo de la cama, a crecerme helechos en los párpados. Fluorescencias diminutas marcan el destino de la raíz. La madriguera de una loba montaraz me guarda.

La noche es hembra. Un grito sostenido hasta el amanecer. Una persecución escondida en los huesos. Un gruñido tapizándome la piel. Con las huellas del cazador abriendo camino al día. Con el colmillo hermanado a la luna y al marfil de la osamenta.

Hay sitios desde donde el lobo acecha y nadie más conoce. Hay su saliva callada detrás de cada fantasma. Me mira, el escalofrío me posee, y me da sed de correr, de no detenerme hasta ser uno de ellos.

Esta habitación salta, corre y se detiene a descansar en sí misma. Extensos pastizales y discreta guarida. La bestialidad crece y disminuye en la respiración. Un ciclo que abre y cierra. La vida un palpitar que contrae y relaja: morir, nacer, renacer, reencarnar…

Esta habitación entra en la carne saltándome encima con el nombre del musgo, llega con el olor del verde y la humedad de la neblina. Se acerca con ojos audaces a mirar dentro de los secretos que ya no me pertenecen. Multitudinarias pupilas, gotas de agua lluvia cantando imágenes de estrellas, así son sus ojos carnívoros.

Penetran mis dedos en el pelaje gris crespo, en la tibieza de su vibrar. Me deshago y ya soy paisaje. Un anciano árbol caído. Roca tibia, sudorosa. Tierra oscura y hechicera.

La manada reafirma sus territorios en mis venas. Incansables detrás de los hilos rojos que olfatean, hambrientos van detrás de la sangre del ciervo. El lobo busca, avanza. Sabe, porque no se detiene.

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