Tristemente, aún en las circunstancias más terribles, existen personas capaces de lucrar con el dolor ajeno, por lo que no sorprende que a raíz del sismo se conozcan de casos en que se intenta engañar a los damnificados, a los que se les pide dinero a cambio de obtener diversos beneficios.
Dado el extenso dolor causado por la Naturaleza el pasado 19 de septiembre, lo menos que se puede hacer es localizar y castigar conforme a la ley a todos aquellos que intentan timar a los afectados.
Lo extenso del proceso de reconstrucción propicia que ese tipo de conductas delictivas se prologuen, a menos que la acción punitiva de la autoridad se haga visible y de ese modo haga desistir a quienes, sin tentarse el corazón, terminan por hacer más dolorosa la vida de aquellos que perdieron todo.