Nada cambia

Luego de décadas de hegemonía, el Partido Revolucionario Institucional (PRI) no ha logrado reponerse del descalabro que significó su salida del poder en el ya lejano año dos mil.

Las “familias” que controlan los grupos internos preponderantes han carecido de la fuerza suficiente para imponerse a sus rivales, pero han podido boicotear exitosamente al rival, al grado de llevar a su organización a estrepitosas derrotas que lo han convertido en un partido pequeño, con una representación legislativa minúscula y pocas alcaldías.

Ayer se anunció la renuncia de su presidente estatal y el nombramiento de un sustituto que ya desempeñó tareas partidistas en tierra morelense con más pena que gloria, por lo que en principio carecería de fuerza para reestructurar a ese partido y elegir candidatos competitivos.

Es probable que el PRI siga la senda del descenso, pues su desconexión con la sociedad morelense ha sido más que evidente desde que gobernaba antidemocráticamente.

 

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