La fuerza de la Naturaleza demostró ayer en Tlalnepantla que no se requiere de lluvias torrenciales para provocar tragedias. Basta con una dosis pequeña pero constante para afectar toda aquella obra humana que no haya sido hecha con calidad o cuyo mantenimiento se haya abandonado.
La caída de una barda en Tlalnepantla por el reblandecimiento causado por la humedad es una señal de que todas las construcciones deben ser revisadas, así como la infraestructura urbana y agrícola, a fin de que la temporada de lluvias que apenas empieza transcurra sin afectaciones.
Los fenómenos climatológicos son cada vez más intensos, por lo que requieren de más atención, no sólo de parte de las autoridades sino especialmente de la ciudadanía, que debería estar dispuesta a evacuar aquellas zonas inseguras.
Ninguna medida de precaución está por demás.