La empresa constructora encargada de ampliar el libramiento de la autopista seguramente hizo un gran negocio, pues por la forma en que trabajó estos largos años es evidente que logró bajar sus costos de operación al mínimo. El problema fue que lo hicieron a costillas de cientos de miles de ciudadanos, quizá millones, que debieron padecer hasta ayer -y no dudamos que durante un cierto tiempo más- de espectaculares embotellamientos, así como una secuela enorme de accidentes, muchos de ellos graves.
Las autoridades federales han permitido todas esas anomalías. Sin embargo, la cercanía del año electoral hace vislumbrar la esperanza de que no haya impunidad y todas esas fallas se castiguen, para evitar el repudio de los ciudadanos en las urnas hacia quienes les han hecho pasar semejante calvario.