Está mas que claro que la infraestructura urbana de Cuernavaca es antigua y obsoleta, por lo que no sorprende que cuando se realiza una obra de gran envergadura los servicios de agua y drenaje sufran severas afectaciones.
Sin embargo, ante un escenario así los daños deberían ser previstos de antemano para minimizarse, pero las empresas constructoras parecen empeñarse en causar el mayor daño posible a los ciudadanos.
Desde el paso exprés hasta la construcción de plazas comerciales han terminado por generar protestas sociales de magnitud.
Parece ser la hora en que la autoridad debe condicionar cualquier obra de gran tamaño a la reparación inmediata de los desperfectos que pudieran provocarse y no como hasta ahora, que los vecinos afectados son la última prioridad.