Jesús Toledo es un profesor de Primaria que vive bajo la angustia terrible que le provocan los ataques de dos de sus compañeras de trabajo, dedicadas en cuerpo y alma a difamarlo. Para su fortuna, los padres de familia de la escuela donde él trabaja realizaron una protesta ayer para exigir que se ponga un alto a los ataques al profesor que -según el reporte de mi compañera Nora Celia Domínguez- fue atacado el día del desfile. La causa de la agresión es muy mezquino, según señalaron los padres de familia que decidieron ayer cerrar el plantel educativo, ya que aseguran que las hermanas Elvia y Julia Pérez Osorio en realidad lo que quieren es que la plaza quede vacante para que el esposo de una de ellas pueda regresar a trabajar.
Han usado argumentos que son constitutivos de delitos, porque son una evidente discriminación.
El incidente ha puesto a la luz lo peor de nuestra sociedad, pero también lo mejor. El docente víctima de esa terrible campaña debe sentirse orgulloso de su trabajo, porque sin pedirlo ha conseguido la solidaridad de la comunidad de padres de familia de la escuela donde no debe hacer una mala labor.
Hace 19 años gran parte del mundo más cercano cambió dramáticamente para muchos. A las siete de la mañana con 19 minutos comenzó la tragedia que cambió el rostro de México. Por la tarde noche hubo un temblor casi igual de intenso que mató a todos aquellos que buscaban entre los escombros a sus seres queridos.
A pesar de la mortal indiferencia de las autoridades, los afectados pudieron organizarse y del dolor surgió una mejor sociedad. Aún quedan muchísimos prietitos en el arroz, pero sólo con el trabajo de todos en la misma dirección saldremos adelante. Casos como la defensa que los padres de familia de su escuela hacen del profesor Toledo mantienen mi fe en que el mundo –a pesar de todo- no es tan malo.