Aunque son muchos los que glorifican el poder de las redes sociales, en México no han demostrado fuerza excesiva, por lo menos hasta el pasado fin de semana cuando los internautas decidieron salir a las calles en dos actos distintos pero ligados.
Por supuesto, no son millones, y difícilmente lo serán en un país con elevadas tarifas de conexión a Internet y bajos sueldos, que seguro permanecerán igual para acabar por la vía indirecta la perspectiva de sublevaciones cibernéticas a la manera de África, donde contribuyeron a cambiar sus sociedades y ayudaron a decirle adiós a muchos tiranos.
Pero por lo menos demostraron que son decenas de miles, que pueden influir en los resultados de una elección si es tan reñida como la presidencial del 20o6, cuando un puñado de votos hizo la diferencia entre el ganador y el perdedor.
Claro, también marcó otras diferencias y decidió el destino de millones de personas.
Por lo pronto. Las cosas ya no son como eran.