Los partidos políticos han agotado su forma de vida. Aunque aún le sacan mucho jugo, el registro de candidatos a alcaldes, regidores, síndicos y diputados muestra con claridad ese agotamiento, pues han sido incapaces de generar nuevos cuadros para competir electoralmente.
Puro nombre repetido. Claro, hay excesos como el de Francisco León y Vélez en Miacatlán, donde no disimulan el cacicazgo familiar que allí se mantiene. Pero también otros nombres resultan excesivo, así como el hecho de que a falta de gente más preparada descaradamente los partidos rellenen los mejores lugares con familiares y amigos.
Poco a poco perderán la poca competitividad electoral que les queda y de algún lugar saldrá de repente alguna forma alternativa que terminará por conquistar a los electores.
Eso ya pasó en Perú y con el mismo sistema no quisiera que se repitiera en México, pues puede dar origen a un Fujimori cualquiera.
Pero de que la estructura actual ya no tiene remedio, pues sobran las pruebas.
¿Acaso nadie desde los partidos lo puede percibir?
La ambición llega a tales niveles que ciega hasta el más básico de los entendimientos?
Todo indica que, tristemente, la única respuesta es un sí rotundo y contundente.