La semana pasada les conté que Canito, el perro salchicha que fuera compañero y confidente de Pingo (que mientras vivió, en la casa de ustedes se sentía el amo) finalmente ha dado muestras de que el enorme espíritu de su compañero se le contagió y también ha comenzado a comunicarse con el mundo exterior, mejor dicho, con los humanos. Y comienza a hacer sus primera y explosivas confidencias.
El Pingo, en su larga y fructífera vida (cortada trágicamente por un taxista que a lo mejor lo hizo a propósito) se dedicó a combatir a los políticos -esos seres expoliadores de las riquezas públicas- y al parecer Canito ha heredado la encomienda.
Por lo pronto, me he enterado de la jugosa oferta que le hicieron desde el gobierno federal para ocupar un cargo de cierta importante en el sistema de seguridad pública.
A lo que sé, Canito fue llamado porque cumplía con dos requisitos importantes para incorporarse a la lucha contra el crimen organizado: tiene un buen olfato y además, está ciego.
Sí, así como lo leen. Eso me lleva a pensar que es un plan deliberado eso de agarrar a los chiquitos y dejar ir a los grandes en esto del combate a los delitos.
Canito dice que tuvo la honradez suficiente para decir que no, porque no se ve solapando a nadie.
Claro que él no realizaría algo así de manera deliberada, por que carece de la vista, pero quizá quienes sí aceptaron el cargo o desempeñan otros parecidos (y no me refiero a puestos de perro policía) hacen lo que querían poner a hacer a tan honesto can.
En fin, por lo menos ahora sé porque nos va tan mal en ese rubro.