El alcoholímetro tan necesario

El accidente que mató a un joven cerca de un bar del bulevard Juárez y el que privó de la vida a otro en la parte norte de Cuernavaca, así como muchos casos más pudieron haberse evitado desde hace al menos un año, pero la ambición de los empresarios que viven de la venta de alcohol impidió que el remedio se pusiera en práctica.

Ya existe el fundamento legal y todo eso, pero los empresarios del ramo creen que el alcoholímetro prohíbe tomar bebidas embriagantes, cuando sólo castiga a quienes manejan en estado de ebriedad, que no es lo mismo.

Pero al final deberíamos sumar los muertos y los daños causados en percances provocados por la bebida y anotárselo a la cuenta de los responsables.

Eso fue causa de la indiferencia de la sociedad hacia los políticos y de los políticos hacia la sociedad.

Mientras, basta con organizarse con un grupo de amigos y gritar un poco para obtener lo que se quiere. Los caminos normales no funcionan, pero sí la presión, aunque sus resultados vayan contra el sentido común y el bienestar general.

Por lo pronto, me pregunto cuántos muertos más debe haber para que se implemente el alcoholímetro como medida permanente. Y hablo de un sistema verdadero de detección de conductores borrachos y no el mecanismo recaudatorio que permitió y quizá creó la alcalde de Jiutepec para hacer pagar a incautos.

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