Mientras Graco Ramírez sigue a la caza de incautos con miras al año 2012 (insiste entre otras cosas en que los productores de caña podrían comprar el ingenio Emiliano Zapata), el uñas para alterar el registro de militantes y luego la votación interna y el PAN y el PRD siguen en lo mismo, con pleitos y fracturas entre ellos y contra el rival.
Los partiditos ni sudan ni se acongojan, pues mientras sus hermanos mayores sufren, ellos cosechan las mieles de las plurinominales, que son bastante sustanciosas, pues tienen mucha carne y poco hueso.
Las asociaciones políticas que se crearon para dar más participación política a los ciudadanos -pero que en los hechos estaban y están bajo el control de los partidos- no han servido para mayor cosa y los espacios en la arena pública siguen acaparado sor los de siempre.
Eso comienza a crear un exceso de presión.
Los ciudadanos con legítimas aspiraciones políticas están acotados si carecen de amigos dentro de los partidos o de dinero para comprar una candidatura.
Los ciudadanos que están cansados de la injusticia y los excesos de quienes gobiernan tampoco tienen una salida a su frustración.
La demagogia, esa forma de vivir que antes era exclusiva del priismo, hoy es parte fundamental del arsenal de los políticos panistas y perredistas. El problema es que los ciudadanos ya no se le creen, pues ha dejado de funcionar.
Y vaya que eso es, a corto plazo, un gran problema.