Excesos, excesos y más excesos

Las consecuencias de la marcha habrán de salir a la luz en muy poco tiempo, por lo que ya habrá tiempo de hablar de ellos, mientras tanto quiero referirme a la ambición depredadora de muchos de los alcaldes de este sufrido estado de Morelos que, al ver ya el próximo fin de su mandato, se dedican a dos actividades simultáneas: preparar su posible candidatura a un cargo de elección, el que sea, y a asegura el futuro de ellos y de sus familias.

Ambas cosas las emprenden con el mismo inmejorable entusiasmo y por la misma via, que Para decirlo son muchas vueltas- es el saqueo de los recursos públicos, de manera directa e indirecta, disimulada y descaradamente, según las circunstancias.

Actualmente se encuentran en la fase de conceder permisos para toda clase de obras, con un pago simbólico a la tesoreria y uno más abultado Mucho más- directo a su bolsillo.

Pero al conceder esos permisos afectan indudablemente al interés público, porque lo mismo permiten abrir más bares, que construir en sitios donde no se debería, por citar dos ejemplos.

Es difícil detenerlos, porque se sienten impunes ya que no les da miedo nuestra justicia penal. Y como sienten que son el centro de adoración—n de sus conciudadanos, pues se pararan a dejarse querer, ahora como diputados locales o federales, aunque sea.

Lo lógico, lo correcto o lo moral habria sido que los diputados locales, en lugar de preocuparse tanto por actualizar la constitución de Morelos, pensaran primero en poner un freno a tanto exceso, pero como ellos mismos quieren ser alcaldes, pues

En pocas palabras: la serpiente se muerde la cola.

 

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