Hace algunos años esta columna servía para airear las aventuras de un perro medio extraño que tenía una rara fijación en contra de los políticos. Hace tres años un taxista que seguro era del PRD lo atropelló justo en vísperas de la jornada electoral.
Quizá con esos negros antecedentes, Bambina -mi sofisticada, ideologizada y cansada gata que de mascota a pasado a esclavizar a todos los que le rodean- es muy reservada a la hora de emitir sus opiniones.
Hace meses que no se manifiesta en este espacio, a pesar de lo mucho que tiene que decir, por que le gusta opinar en privado de todo, desde la calidad de sus croquetas -sólo acepta una marca y debe llevar el sello "plus"- hasta la forma en que funcionan los servicios públicos por sus rumbos o lo que opinan sus vecinos de los temas de actualidad.
Y los temas de actualidad en realidad son un único tema: la política.
Pero dado el terrible antecedente del triste final del Pingo (el perro criticón atropellado) Bambina ha buscado _y creo que lo encontró- un lenguaje sofisticado para hablar de sus coincidencias con el difunto can. Porque también mi gata odia a los políticos desde que en las asambleas gatunas en las que participa cada noche comenzó a escuchar los estropicios de ese sector minoritario de la humanidad que controla al resto.
Sus amigos gatos creen -eso le entendí- que si los políticos no explotaran tanto a los demás humanos, ellos -las mascotas- tendrían una mejor calidad de vida, porque hoy a sus amos apenas las alcanza para que ellos coman.
Bambina tiene teorías interesantes, por lo que me empeñaré en darle voz en este espacio plural y poco ortodoxo, a fin de iluminar un poco -tanta falta que hace- a la humanidad. Así, sencillito.