Por aquellas cosas raras de la vida no ha faltado en las últimas semanas algún imprevisto que impida la aparición continua de esta columna. Eso ocurrió ayer, pero ya estamos de nuevo para señalar que el del transporte será un tema que dará mucho que hablar en los próximos meses, debido a que el tema logró entrar en los asuntos que se discuten en las llamadas redes sociales, cuyo alcance aún nadie puede precisar pero que por lo menos hacen ruido y mantiene vigentes temas que de otra manera hace tiempo habrían dejado de discutirse.
Uno de ellos tiene que ver con Gabriel Rivas Ríos, ex diputado local perredista y hoy empleado a sueldo del Congreso que se dedica a promover movimientos sociales. Porque a las claras se ve que no es un asesor, alguien que aconseja, sino que su protagonismo le lleva a estar al frente, como lo hizo hace muchos años, pero antes sin patrocinio, sin protección y de manera más auténtica.
La forma actual en que lo hace puede generar que el movimiento que encabeza, por muy sanos y nobles que sean sus fines, pierdan credibilidad.
O será que aplica el mismo principio que hoy rige los juegos olímpicos, contrario a la anterior conducta en que ponían especial énfasis en que sólo atletas aficionados –no profesionales- compitieran. Luego esa regla quedó atrás.
En el campo social, los representantes patrocinados siempre ha entregado malas cuentas. Y sin importar su ideología. Si lo dudan, pregúnteles a los panistas que desde la medianía de un empleo normal –e incluso desde la pobreza- peleaban toda clase de causas justas.