Malas intenciones

Dicen las malas lenguas que Graco Ramírez Garrido Abreu, cuya forma de actuar en política podría ser clasificada como “pintoresca” si no fuera por lo dañina que ha resultado para los morelenses (y para los mexicanos en general) ha movido todas sus influencias para presionar al alcalde de Puente de Ixtla y, sobre todo, a su regidor de Servicios Públicos Jericó Iturbe, para que lleven a cabo una campaña de “desperrización” (eso dicen que pidió) a fin de acabar con las críticas destructivas que Pingo (el perro que en la casa de ustedes se siente el amo y que tan dado es a señalar a los políticos) le ha hecho por muchos días en esta columna.

Y es que el inteligente animal lo ha convertido en su mejor ejemplo cuando quiere hablar de excesos, de hipocresía, de inutilidad y de tantas cosas que no son precisamente virtudes.

El senador perredista (aunque en realidad su ideología parece ser el dinero y el poder) dicen que elaboró un detallado plan para acabar con su primer crítico y para lo mismo mandó a sus achichincles ixtlecos (tiene muchos) a espiar las andanzas del Pingo que, efectivamente, se la vive en la calle.

Cree que sería el crimen perfecto si su crítico cae víctima de una campaña para erradicar perros callejeros, ya que no se notaría el dolo, pues parecería un desafortunado accidente.

Lo que no sabe Graco es que cuando él va, Pingo ya viene.: desde hace tiempo ha tomado medidas preventivas para que esa y otras eventualidades no le ocurran, porque dice que no puede esperar menos de los políticos, sean del partido que sean. Por lo pronto, nunca sale a la calle sin una cabeza de ajo en la pata.

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