Vaya, que bueno que la elección interna del domingo acabó con la carrera adivinatoria de Pingo, el perro que en la casa de ustedes se siente el amo y que aspira a convertirse en el sucesor del difunto pulpo Paul.
El ahora no tan astuto can había señalado que Maricela Sánchez Cortés (encarnada en la figura de Julio Espín Navarrete) se alzaría con el triunfo el domingo pasado. Ni en sus más locos sueños de vidente Pingo pensó ver a Guillermo del Valle, el rey de la trampa, quejarse de que le habían jugado chueco.
Él y Maricela son rudos, tanto que al menos en una ocasión han dejado a sus adversarios con un hueso roto.
El domingo a ellos les rompieron la autoestima -causalmente lo que más les duele- aunque tienen recursos para tratar de volver por el camino más inesperado.
Sin embargo, el mensaje que recibieron fue extremadamente claro y contundente. Que no lo quieran aceptar es otra cosa.
Por lo pronto me alegro de que las multitudes no acudan en masa a buscar las artes adivinatorias de Pingo, quien se equivocó y eso no se puede negar.
El pulpo Paul -que para los españoles descansa en el cielo de los pulpos- aún no tiene sucesor.