Falta menos, mucho menos, pero ya quiero que se acabe. La campaña ha sido corta pero agotadora.
Alguien que conocí cuando iniciaba el proceso –apenas en marzo- hoy luce mucho más delgado y con unas ojeras enormes, y eso que aún le faltan los preparativos para la noche electoral.
Los ciudadanos comunes no han sentido tanto las campañas porque no se han llenado de publicidad pueblos y ciudades, excepto en momentos muy específicos y al terminar se llevan sus mantas, porque cuestan más que los volantes y pendones.
Quizá los que viven en el centro de las cabeceras municipales ya se hartaron de tanto mitin, pero en general la lata ha sido de los candidatos a la presidencia de la república que a cada rato aparecen en radio y televisión.
Quizá el cansancio de quienes de una forma u otra nos vemos inmersos en estas cosas se debe a que no ha salido alguna propuesta grandiosa, algo que nos saque de la rutina. Por eso, hasta parece una terrible perdida de tiempo.
Claro, acudir a las urnas no lo será. Que no se me malinterprete: quiero que se acaben las campañas, pero para que la gente salga a votar y le diga a los políticos lo que realmente piensa.
Sólo así se acabará tanto fanfarroneo.