Terminó septiembre, el mes patrio y el mes del esperado "bicentenario" y todo pasó como de noche.
Ya a la distancia, no mucha, apenas dos semanas y unos días, podemos comprobar que nunca tuvieron la intención de hacer perdurable el recuerdo de 200 años no de la independencia, sino del inicio de la guerra que buscaba ese fin y que terminó 11 años después.
Poca diferencia como puede usted apreciar.
El caso es que no ha quedado huella duradera de esos festejos, hechos más para la televisión que para la posteridad, a pesar de la millonada insultante que se gastaron en todos los niveles con ese pretexto.
Y lo que se seguirán gastando, porque insisten en el gobierno federal en construir los monumentos que no se han terminado.
Ojalá en el centenario del inicio de la revolución de 1910 ya hayan aprendido a ser más mesurados y más cumplidores.
Está bien que no les importe el que dirán, pero pecan de excesivos a la hora de hincarle el diente al presupuesto.
Como dice la gente de todas las edades: se pasan.