Toda esta semana he hablado de cuestiones de sensiblidad social. Es lo que considero que necesita mi querido país para salir adelante de una etapa caracterizada por el desinterés general hacia lo que se llama la cosa pública. Lo aterrador es que el desinterés está principalmente en quienes administran esa cosa pública: los políticos.
A ellos ya no les importa nada que no sea su propia salvación. Lo malo es que lo hacen con el dinero de todos nosotros. Y tan lo usan que ya se lo acabaron y hoy no hay recursos suficientes para cosas tan elementales como educacion, salud o seguridad. Ni más ni menos. Pero el trabajo previo que hicieron les funciona: los ciudadanos hartos de sus políticos se mantienen al margen de lo que éstos hacen.
Y no hacen nada bueno. Basta con mencionar las reformas a la ley de seguridad nacional, la reforma electoral para permtir la reelección o hasta el proyecto denunciado aquí por Pingo (el perro que en la casa de ustedes se siente el amo y cuya foto, en mi compañía, puede usted ver en mi blog personal) para crear el pago de tenencia por mascotas. Nuestros políticos están desatados. Si los ciudadanos no hacemos nada, los daños que causen serán irreversibles. Y a muy corto plazo.