Un mal necesario

Una parte significativa de mis colegas, a quien tanto he criticado los últimos dos días, tienen ganas de actualizarse y estar a la vanguardia, pero muchas veces para ellos eso significa sólo sabe utilizar los nuevos recursos tecnológicos de comunicación (principalmente Facebook y Twiter) y no entienden que la sustancia esta en cómo recopilar información y analizarla.

Todo eso, por supuesto, es parte del plan maestro gubernamental para construir una sociedad mexicana acrítica y desinformada, con gente que piensa que “Paty Chapoy” (así se hace llamar la conductora estrella del programa de chismes -los que lo hacen le llaman “espectáculos”-) es periodista y hace periodismo.

Confundir información con opinión es entendible en el ciudadano normal, pero no en mis colegas, que eso hacen todos los días en los momentos en que más se requiere de periodistas preparados para informar lo que pasa en el entorno.

La delgada línea entre información y entretenimiento ha dado paso a cosas como los “infomerciales” y otras cosas peores, cuando lo que la gente requiere es información confiable.

Nutrirse de chismes, de sangre e imágenes de muertos creará la sociedad acrítica que panistas y priistas han soñado, pero enterrará la posibilidad de construir una sociedad más justa.

Los periodistas somos un mal necesario, excepto cuando dejamos de entender nuestra profesión, justo el mal que aqueja a las nuevas generaciones en el gremio.

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