Alberto Capella llegó al teatro Ocampo antes de que se abrieran las puertas al público para escuchar la conferencia del ex presidente español Felipe González. Llevaba dos guaruras a muy corta distancia de él, menos de un metro (si había mas no los ví) y se metió al inmueble ante la mirada de molestia del resto de los que estábamos en la cola. Conforme pasaron los minutos llegaron otros influyentes y también entraron.
Luego llegó el alcalde Jorge Morales Barud con su esposa. Y la secretaría de Innovación, Ciencia y Tecnología Brenda Valderrama. Ni el alcalde ni la secretaria hicieron gala de prepotencia. Sólo se dedicaron a esperar y pasaron cuando se abrieron las puertas para todo mundo, plebeyos y nobles.
El reflejo de dos formas opuestas de actuar. Esa fue una enseñanza que me dejó Morelos Único, esa experiencia envolvente que tuvo muchos defectos de organización - lo que le restó difusión y trascendencia- pero de la cuál digo que fue una buena experiencia.
Escuchar voces tan distintas como los que allí llegaron (lo mismo al teatro Ocampo que a otros foros) hizo que el esfuerzo valiera la pena.
Y sobre todo para ver de qué madera está hecha la gente.
Me habría gustado que el público fuera más extenso, pero seguramente eso será en la siguiente edición.
Por lo pronto quería compartirles esa percepción. (Por eso hoy me salí del tema electoral que debí haber continuado, pero creo que eso puede esperar).