El PAN y el PRD, o mejor dicho, la Izquierda y la Derecha, son en teoría opuestos, la antítesis, el día y la noche, pero no en Morelos, donde ayer Javier Bolaños Aguilar -próximo coordinador parlamentario blanquiazul- dijo que no estaba descartada una alianza parlamentaria con el partido que encabezará el Ejecutivo a partir del primero de octubre pero que el sábado comenzará su función de gobierno al entrar en funciones el Poder Legislativo.
El próximo gobernador necesita una mayoría calificada (o sea, veinte votos) para poder emprender las reformas que ha anunciado.
El PRI, fiel a su estilo, es muy probable que juegue a sacar ganancias (y no me refiero a políticas o sociales, sino a ganancias verdaderas, en dinero constante y sonante) a partir de todo aquello que sea necesario aprobar.
Por eso se requiere un contrapeso confiable y los panistas ya se han ofrecido (aunque la sugerencia surgió del perredismo) a dar su generosa “ayuda”.
Cuando el PAN tuvo una clara mayoría en el Congreso local hizo de las suyas y hoy padecemos muchos de los excesos en que incurrieron esos legisladores.
El electorado otorgó una clara decisión de lograr el equilibrio de poderes al dar un triunfo lo suficientemente holgado a Graco, pero en el Congreso los votos establecieron una ventaja no decisiva y que obliga a negociar con el contrario.
Pero cuando el contrario está dispuesto a todo con tal de agradar, pues se acabó el equilibrio.
Y eso que, como digo al principio, la Izquierda y la Derecha –posturas ideológicas- son posiciones encontradas, con 18 grados de separación.
Y aún así no serán como el día y la noche, como la luz y la oscuridad, sino como Uña y Mugre, personajes de comedia.