Los métodos de los políticos para llamar la atención de los electores cada vez son más patéticos. Ya ni siquiera se atreven a gastar un poco de sus neuronas en elaborar propuestas. Basta simplemente con hacerse las víctimas, como en el caso del PAN. Quizá las supuestas agresiones que denunciaron ayer fueron ciertas, pero lo cierto es que eso de que los agreden fue la norma en lo que va del año. Tanto lo dijeron que cuando es verdad cuesta trabajo creerlo.
Primero afirmaron que quién sabe cuántos de sus posibles candidatos fueron amenazados para que desistieran de registrarse. Y lo decían como si fuera cierto y como si las presuntas víctimas fueran tan importantes como para que recibieran ese tipo de amenazas. Repetir la estrategia los ha dejado hoy sin credibilidad, lo que es grave si lo que dicen que pasó realmente es cierto.
Creo que principalmente Luis Miguel Ramírez Romero, candidato a la alcaldía de Cuernavaca, demuestra que la imaginación no es el fuerte de los panistas y que está dispuesto a todo con tal de servir al partido que le ha dado bien de comer en los últimos años.
Eso incluye el exponerse al ridículo total en una campaña digna de lo que es hoy su organización: un mini partido, al nivel de los que apenas recibieron su registro y que, por cierto, dos de los cuáles son escisiones del blanquiazul.
Por muchos trienios nos acostumbramos a que el PRI, el PAN y el PRD fueron los casi únicos y auténticos contendientes en los procesos electorales. El baño de sangre cometido en el último sexenio dejó sin oportunidad a los azules, pero no sabemos qué otros partidos serán castigados por la ciudadanía. Lo bueno es que ya falta menos para el 7 de junio.