La escena conmueve a cualquiera: elementos de la Policía Municipal, apoyados por soldados del Ejército y miembros de la Guardia Nacional, levantan las cajas de fruta de una señora que estaba vendiendo sobre la banqueta de la calle Degollado. Algunos mangos y guayabas ruedan por el suelo. “Así fueran contra los delincuentes, la señora sólo se gana la vida honradamente”, se escucha decir a un transeúnte. Pero esa es sólo una de las dos caras del ambulantaje: la aparente necesidad de la gente por ganarse unos pesos...