Beatriz y la “unidad priista”

* La Dupla: perfilada al 2012.

Beatriz Paredes Rangel, presidenta del Comité Ejecutivo Nacional del PRI, estuvo anteayer en Cuernavaca para tomar la protesta de rigor a Amado Orihuela Trejo como nuevo presidente del mismo instituto político en Morelos. Ayer indiqué que el acto se desarrolló en la Plaza Emiliano Zapata, en pleno centro cuernavaquense, pero no fue así.

Por supuestas “razones de seguridad”, el acto se redujo a una sesión de Consejo Político Estatal, cuyo escenario fue el Museo de la Ciudad o Antiguo Ayuntamiento. Ahí se concentró parte de la “crema y nata” priista de nuestra entidad federativa, excepto la Dupla del Oriente (Maricela Sánchez Cortés y Guillermo del Valle Reyes).

La ex gobernadora tlaxcalteca y actual diputada federal priista “descubrió el hilo negro” durante su alocución: “Solamente un PRI unificado podría recuperar la Presidencia de la República y la gubernatura morelense. Así haremos un frente contra la reacción”. El problema doña Beatriz es que los priistas de Morelos son bastante conflictivos, personalistas, convenencieros y poco aptos para la solidaridad y la cohesión, sobre todo en momentos de crisis. Un momento de crisis fue la debacle electoral del partido tricolor en el año 2000, cuando el grupo que todavía encabeza Maricela Sánchez Cortés aprovechó que los “cuadros distinguidos” abandonaron el barco y se apoderó de la institución durante una década. Nomás.

Antes de continuar déjeme recordar que el artículo 41 de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos señala una quimera, como muchas otras inherentes a la soberanía nacional y nuestra forma de gobierno: “El pueblo ejerce su soberanía por medio de los poderes de la unión, en los casos de la competencia de éstos, y por los de los estados, en lo que toca a sus regímenes interiores, en los términos respectivamente establecidos por la presente Constitución Federal y las particulares de los estados, las que en ningún caso podrán contravenir las estipulaciones del Pacto Federal”. Otra parte del mismo artículo indica que “los partidos políticos son entidades de interés público”, teniendo derechos y obligaciones para participar en procesos electorales y disponer de prerrogativas públicas, las cuales consiguen gracias a sus y mis impuestos, amables lectores.

“Todo poder público dimana del pueblo y se instituye para beneficio de éste. El pueblo tiene en todo tiempo el inalienable derecho de alterar o modificar la forma de su gobierno”, señala el artículo 39.

Sin embargo, todo lo anterior es letra muerta. La realidad es distinta, pues si algo ha impedido la acción popular son los tres niveles de gobierno y sus muy particulares métodos para reprimir movimientos sociales. Una vez encumbrados en el poder correspondiente, los presidentes de la República, gobernadores, alcaldes y diputados en turno olvidan las promesas de campaña, cierran los ojos y oídos, colocan dobles cerrojos en las puertas de sus mansiones, levantan murallas infranqueables para separarse de la chusma, transfieren a subalternos mediocres el poder conferido por los votantes, disfrutan durante tres o seis años las mieles del erario y realizan pingües negocios a través de las áreas de recursos materiales y adquisiciones, donde es común encontrar a sus compadres, amigos íntimos y cómplices.

Y hoy, cuando está de moda hablar sobre la delincuencia organizada, muchos mexicanos encasillaron ya a los partidos políticos en la que podría denominarse “delincuencia institucionalizada”. Ninguno escapa del juicio popular; mucho menos sus dignatarios más conocidos, a quienes jamás dejaré de dividir entre políticos, politicastros, politiqueros y politiquillos. Decepcionada, la sociedad se encargó de evidenciar la simulación de una mal llamada representatividad de los partidos políticos e iniciar el final de las “oposiciones” frente a los gobiernos legalmente establecidos. La figura del “partido de oposición” apesta.

A pesar de lo sucedido en el PRI-Morelos durante diez años (la dispersión y un profundo divisionismo), Beatriz Paredes Rangel reconoció anteayer el trabajo desplegado por la Dupla del Oriente. Y Amado Orihuela Trejo dio la cordial bienvenida a Julio Espín Navarrete, flamante presidente de la Mesa Directiva del Congreso local, colocado ahí gracias a una tortuosa negociación de Orihuela con Maricela; y desde luego saludó a Jaime Sánchez Vélez, diputado federal por el V distrito, otro de sus contrincantes el 7 de noviembre. Es importante subrayar que Jaime es un político que se cuece aparte. Su seriedad y honestidad contrastan con las marrullerías de otros.

Así las cosas, el PRI se exhibió de manera grotesca frente a la opinión pública, en tanto Amado Orihuela Trejo perdió gran parte de su capital político y legitimidad ganados el mismo 7 de noviembre. Lo veremos muy pronto: la Dupla del Oriente irá con todo en busca de la candidatura a la gubernatura. Los dejaron vivos.

Author’s Posts

  • “Nuestro” Centro Histórico

    Ideas de Morelos: solo eso1.- Desde que nos iniciamos en el periodismo morelense (hace algunos ayeres) hemos escuchado los magníficos...

    Dic 15, 2015

  • Laffitte y los aviadores

    NGS: el espacio público1.- Según el orden del día aprobado ya por el Congreso morelense para la sesión que continuará esta noche, el...

    Dic 14, 2015

  • Ex presidente de Barra de Abogados

    La fiscalía, un caosPasan municipios por su peor momento: GuerraEl ex presidente de la Barra de Abogados del estado de Morelos...

    Dic 10, 2015

  • La cultura de la violencia

    Pensiones: la turbulencia1.- Hace más de cuatro décadas, cuando inicié mi carrera periodística, cualquier ciudadano sabía que...

    Dic 09, 2015

  • La violencia de género

    Recordando a Rivetex1.- Las mujeres y su seguridad fueron noticia ayer. Mientras trascendía el secuestro de una fémina en Yautepec y...

    Dic 08, 2015