Espín y Luis Miguel: convocan

* ¿Estéril hablar sobre “pactos”?.

Dos voces importantes, desde el Congreso local, se han escuchado recientemente convocando a la “civilidad” rumbo a las elecciones gubernamentales de 2012. Primero, el presidente de la Mesa Directiva de dicho órgano colegiado, el priísta Julio Espín Navarrete, convocó a todos los actores políticos morelenses para lograr un “gran pacto” que evite el golpeteo partidista durante 2011. Año en que se requerirán reformas constitucionales tendientes a actualizar la normatividad electoral, amén de otros cambios jurídicos cuyo objetivo sea el desarrollo económico de la entidad. Por su parte, Luis Miguel Ramírez Romero, presidente de la Junta Política y de Gobierno del Poder Legislativo, y coordinador del grupo parlamentario del Partido Acción Nacional, además de avalar lo dicho por Espín Navarrete, manifestó que la próxima semana buscará acercamientos con representantes del gobierno y de fuerzas políticas, a fin de lograr que el encuentro de civilidad se lleve a cabo el presente mes. Agregó que será importante evitar el golpeteo y la llegada de los tiempos electorales de 2012 sin el adecuado trabajo legislativo.

Empero, me llamó la atención algo de lo declarado anteayer en el mismo sentido por el jefe de la diputación panista: “Temas como el cobro del predial y la inseguridad se han politizado, pues intervinieron diversos actores políticos, inclusive algunos que no tenían interés en los asuntos”. Y añadió lo siguiente: “El espacio de encuentro servirá para atender temas sociales, como la violencia registrada en la entidad, obras públicas que incomodan a la sociedad y diversos problemas que interesan a la ciudadanía”. Hasta aquí lo expresado por Ramírez Romero, precandidato del blanquiazul a la alcaldía de Cuernavaca.

Cabe recordar que Espín y Ramírez Romero defienden, en primera instancia, los intereses de sus partidos. Es así como en determinadas coyunturas han atacado a quienes, desde su posición política e ideológica, son los enemigos a vencer. Cuando Luis Miguel refiere que en la mesa de análisis a consolidarse durante la semana venidera se abordará el tema de la inseguridad pública, hace recordar severos cuestionamientos de actores priistas en contra del gobernador Marco Adame Castillo. Y cuando menciona las obras públicas “que incomodan a la sociedad” y el cobro del predial, desde luego trae a la memoria infinidad de movimientos de presión auspiciados por el PAN en contra del alcalde de Cuernavaca, Manuel Martínez Garrigós. Así de que en el escenario los dos personajes están a mano.

Podrán decir misa los diferentes políticos, politicastros, politiqueros, politiquillos y politicones de Morelos, pero al final del día no descubren nada nuevo. Vana palabrería que, tocante al caso de Espín Navarrete y Ramírez Romero, me trasladan al 24 de marzo de 2005, cuando en estas mismas páginas escribí lo siguiente: “Las diferencias entre los políticos experimentados que luchan por reformas institucionales de fondo y los que únicamente se dedican a extender sólo su sobrevivencia, son tan grandes e inestables que tiene sentido preguntarse si nuestros ‘grandes personajes públicos’ pactarán en serio algún día y si honrarán sus pactos”.

“El cambio político que con empellones vivimos en México y Morelos, donde todo está en el aire, sin posiciones firmes e irreversibles, ocasiona que las expectativas de nuestros políticos sean inciertas, sus preferencias cambiantes, sus identidades confusas y sus intereses múltiples y móviles”.

“Los partidos políticos –de alcance nacional- conservan todavía sus siglas pero apenas su sustancia; todos se afanan en construir su nueva identidad, trabajan aún en sus nuevas ideas, preferencias y expectativas y no han consagrado a sus nuevos líderes”.

“En este contexto los sujetos, las materias y las expectativas de cualquier pacto son volátiles. Para empezar, es complicado saber con quién hay que pactar: ¿con Fidel Demédicis, Guillermo López Ruvalcaba, Jorge Messeguer, Graco Ramírez o con todos? ¿Con Marisela Sánchez, Guillermo del Valle, Juan Salgado Brito, Rodolfo Becerril, don Antonio o con todos? ¿Con Oscar Sergio Hernández, Javier López Sánchez, Jesús Giles, Marco Antonio Adame o con todos? ¿Con el gobernador Estrada o con Javier Bolaños?”. Hasta aquí la columna del 24 de marzo de 2005.

Tal como ocurrió allá y entonces, amables lectores, hoy sigue siendo complicado saber qué quieren realmente nuestros ínclitos políticos y sus grupos, si lo que desean les demanda pactar y qué cosa los motivaría a un arreglo. Y si no se sabe con quién, para qué y acerca de qué, las probabilidades de pactar son bajísimas o los pactos son estériles. En fin. Esperemos para ver y después diremos, pues muchos de nuestros políticos “experimentados” se comportan como explotadores o buscan administrar y aprovechar de la mejor manera los activos institucionales y políticos existentes.

 

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