Urge un gobierno abierto

* Comisiones de transición.

El conflicto de anteriores gobernadores morelenses con los poderes Legislativo y Judicial ha expuesto históricamente características que encuadran en el personalismo, concepto de la política que puede definirse de varias formas. Una de ellas sugiere que es un sistema donde las personalidades predominan sobre las ideologías, y la conducta política sigue ciertos patrones.

El más conocido indica que el éxito político se logra por medio de amigos y contactos. Roderic Camp, en su excelente obra “Los líderes políticos en México” (México, FCE, 1980), considera que para el predominio del personalismo “son vitales la amistad y las relaciones familiares (...) Las oportunidades para ascender en el sistema están condicionadas por los vínculos creados en los años formativos de quienes integran las élites”.

Entenderemos mejor lo anterior si añadimos un ingrediente: la desconfianza y su naturaleza como el factor cultural más importante que contribuye al estilo político de nuestro país. Samuel Ramos escribió: “El aspecto más notorio del carácter mexicano es, a primera vista, la desconfianza. Esta actitud subyace en todos los contactos con hombres y cosas. Es un asunto de desconfianza irracional que surge de lo profundo de su ser” (“Perfil del hombre y la cultura en México”, 1962, p. 64). Si Ramos y otros autores están en lo correcto al evaluar la cultura nacional, a cualquier mexicano le es difícil confiar en sus asociados, particularmente cuando se trata de cuestiones muy problemáticas. El caso de algunos mandatarios morelenses, sobre todo en los dos recientes sexenios y en el cuatrienio de Jorge Carrillo Olea, ilustra el hecho de que cierto tipo de funcionarios tienden a depender más de los familiares, viejos y nuevos amigos y compadres para ocupar posiciones de confianza.

Recordando la integración del gabinete estatal para el sexenio 2000-2006 (una vez iniciada la alternancia en el Poder Ejecutivo que tuvo otro viraje el pasado primero de julio), su esencia nos demostró las limitaciones de Sergio Estrada Cajigal en su acción gubernamental derivadas de su incapacidad de conocer personalmente a un número suficiente de individuos para que ocuparan las posiciones importantes de la administración. El personalismo, por lo tanto, se cristalizó mediante la integración de una camarilla cuya relativa efectividad se fundamentó en la lealtad, las emociones, el pragmatismo y la estructura piramidal. El resultado histórico es de sobra conocido.

El gobernador electo de Morelos, Graco Ramírez Garrido Abreu, desde la campaña ha dado muestras de apertura y pluralidad para integrar sus equipos temáticos hacia la transición en el Poder Ejecutivo, la cual tendrá un punto culminante el próximo primero de octubre, cuando Marco Adame Castillo le entregue la estafeta. Graco sorprendió a propios y extraños cuando presentó a hombres y mujeres que, indudablemente, serán sus colaboradores sexenales y quienes, a pesar del apoyo y confianza del próximo gobernador constitucional, deberán ser evaluados bajo un férreo escrutinio de la ciudadanía y la opinión pública. Y si fallan, tendrán que ser removidos ipso facto.

Hasta hoy, Ramírez Garrido Abreu no ha tenido ningún empacho para difundir sus prioridades e ideales ante la sociedad morelense, enviando una clara señal bajo el siguiente tenor: “Mi anhelo es ganarme la confianza, el reconocimiento y el respeto de los morelenses a través de una administración que proyecte al Estado hacia mejores condiciones de bienestar”. Asimismo, el gobernador electo, allende el primero de octubre, pugnará por evitar cualquier desgaste que lo conduzca a la ignominia, lo cual ya ocurrió en el pasado reciente con ciertos personajes. Al buen entendedor, pocas palabras. Me parece, pues, que el inminente gabinete estatal será abierto y frecuentemente oxigenado de cara a la sociedad, a fin de evitar un sistema cerrado que conduzca al gobierno hacia el caos, a las redes de complicidades, el desorden, la corrupción y, finalmente, a la decepción.

Así las cosas, Graco Ramírez Garrido Abreu presentó ayer a un interesante equipo de transición que, de parte suya, vigilará el cumplimiento de la Ley de Entrega Recepción de la Administración Pública del Estado y Municipios de Morelos con los funcionarios que a su vez designará Marco Adame Castillo. El coordinador del grupo será Jorge Messeguer Guillén, hombre de la más absoluta confianza del mandatario electo, a quien acompañarán Jorge Michel Luna, Alicia Vázquez Luna, Carlos Rivapalacio Than, Servando Ramón Ortiz Oviedo, José Iñesta Monmany y Karina López Díaz. A continuación transcribiré algunos datos curriculares de estos personajes.

Messeguer Guillén posee el perfil para ser el secretario general de Gobierno. Ha sido fundador de Causa Ciudadana, la agrupación política que inició en Morelos la construcción del proyecto de Graco Ramírez; presidente del PRD estatal; diputado local en la 48 Legislatura; y en el proceso electoral reciente coordinador de la campaña del ahora gobernador electo. Jorge Michel Luna es contador público con estudios de postgrado en finanzas públicas por el Tecnológico de Monterrey; entre otras cosas ha sido subsecretario de Programación y Presupuesto del Estado, director general del Instituto de Finanzas Públicas de Morelos, y asesor de la Comisión de Hacienda del Congreso local. Tocante a Alicia Vázquez Luna diré que es abogada y maestra en procuración y administración de justicia por la UAEM; ha tenido una brillante carrera dentro de la PGJ, donde fue Ministerio Público y Subprocuradora Metropolitana por examen de oposición; y lleva alrededor de 20 años como catedrática en derecho penal y política criminal (tiene el perfil para ser la primera secretaria de Seguridad Pública en Morelos).

Servando Ramón Ortiz Oviedo es contador público y abogado, con maestría en administración pública y estudios de postgrado por el Tecnológico de Monterrey y el ITAM; ha sido director general de Administración en las secretarías de Pesca (extinta), Turismo e Imevisión (extinto); gerente de auditoría en Banrural (extinto); director de fiscalización de Hacienda Pública de Morelos; y presidente de Colegiados en Derecho, también en Morelos (tiene el perfil para ser el próximo secretario de la Contraloría General del Estado). En torno a José Enrique Félix Iñesta Monmany comentaré que es contador público por el Tecnológico de Monterrey, Campus Morelos, y ha sido auditor y contralor en Grupo Aurrerá; síndico del contribuyente ante el Sistema de Administración Tributaria; catedrático a nivel preparatoria y profesional; socio fundador del Colegio de Contadores Públicos de Morelos y de la Asociación de Colegios y Profesionistas del Estado de Morelos, habiendo presidido el primero. Desconozco quién es Karina López Díaz.

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