Necesitamos evaluaciones que mejoren el desempeño

Las instituciones públicas de investigación en nuestro país cuentan con metodologías de evaluación para sus académicos. Estas instituciones son las encargadas fundamentalmente de mantener el sector científico del país. 

De hecho el sector científico mexicano es uno de los sectores nacionales con una tradición de más de 30 años de evaluación constante. Independientemente de lo exhaustiva o de idoneidad de esta metodología de evaluación se ha conseguido, en este período de tiempo, profesionalizar este sector. Hoy podemos decir que este el sector científico mexicano es profesional y puede contribuir a la generación de conocimiento en el ámbito internacional. Sin embargo, todavía este sector no tiene el tamaño adecuado para que sus hallazgos puedan impactar positivamente en los diferentes sectores sociales, empresariales y gubernamentales. En palabras científicas el sector científico mexicano todavía no percola en la sociedad.  Sí, en analogía a la preparación de café cuando el grano de café está muy pulverizado y el agua no puede pasar a través de él y no obtenemos la bebida amarga que a muchos nos gusta, la ciencia todavía no ha sido capaz de difundirse en la sociedad para que los mexicanos basemos nuestras decisiones en el conocimiento.

En estos días en el sector de investigación de la UNAM se están haciendo las evaluaciones anuales al personal académico. En esta buena costumbre participan los órganos internos de planeación y evaluación. Para la evaluación anual de los académicos se utiliza a consejos internos, donde los participantes son académicos de cada una de las entidades. Es decir es una “auto-evaluación”; para la permanencia y promoción se convocan a comisiones dictaminadoras que son fundamentalmente integradas por colegas ajenos a las entidades mismas.

Desde mi punto de vista, la evaluación del trabajo académico presenta característica de los sistemas complejos y claramente no puede ser realizada por cualquier persona, sino que debe ser llevada a cabo por personas igualmente entrenadas en el ámbito académico. A esta forma se le conoce como evaluación por “pares”. Podemos decir que es el sector científico es un sistema auto-regulado, que se evalúa a sí mismo. Como lo comenté hace algún tiempo, de acuerdo con Donella Meadows, los sistemas auto-regulados pueden tender a un desempeño pobre cuando se permite que las remuneraciones a los integrantes de los sistemas auto-regulados sean otorgadas por miembros del sistema mismo. Es decir, la participación de personas ajenas en las evaluaciones es deseable para poder mantener un desempeño a la alta. Por otra parte, la definición de estándares absolutos que no dependan del peor desempeño individual, sino que promueva el compromiso individual hacia una calificación mayor es lo que impulsa a todo el sistema a salir de la trampa hacia el bajo desempeño. Evidentemente, esto implica que los estándares de evaluación tienden a evolucionar y cada vez se convierten en mayores retos. Cabe mencionar que mi experiencia indica que con el tiempo la dificultad de cumplir con los estándares anteriores es menor.

Por supuesto que esta propuesta contrasta con las definiciones de niveles académicos otorgados con base en la antigüedad y puede ser vista como inequitativa para los de mayor y menor edad en comparación con aquellos que se encuentran en la plenitud de su vida académica. También es comprensible el anhelo de muchos académicos de conseguir un nivel para incursionar en temas de mayor envergadura, pero esto contrasta con la audacia que va disminuyendo con la edad y que permite atacar retos con formas novedosas como pueden ser propuestas por los más jóvenes.

Es importante mencionar, que las situaciones que he mencionado pueden ser muy diferentes para diferentes individuos y un joven puede ser extremadamente cauteloso y solamente abordar temas que le garanticen una producción sostenida, aunque su contribución no sea de ruptura.

Es difícil proponer una sola estrategia para evaluar el trabajo académico, considero que debemos optar por diferentes formas de abordar el problema y, basados en una perspectiva de sistema, contender con las llamadas trampas de los sistemas complejos por Donella Meadows. De ser así debemos aprender a combinar tanto las bondades de los jóvenes con las virtudes de los más experimentados para conseguir un desempeño a la alta en el ámbito académico, como las bondades de las evaluaciones por miembros internos y externos del sistema.

Desde mi punto de vista, necesitamos evaluaciones de muchas actividades que mejoren claramente el desempeño y que esta forma de atacar el problema de la evaluación puede ser trasladado a cualquiera de los ámbitos en la sociedad que presente una estructura compleja.

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