Utopía o realismo

Las últimas dos semanas he comentado sobre la conjetura que a mayor educación las posibilidades de conseguir empleo son mayores y que en los últimos 11 años la tasa de desempleo se ha duplicado de acuerdo con datos del INEGI. Este día lunes, el antiguo secretario de Hacienda, José Ángel Gurría, actual secretario General de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), comentó, en la ciudad de Chihuahua, que México requiere crear más de un millón de empleos para empezar a consolidar el crecimiento económico.

A su vez, Felipe Calderón declaró hace una semana que en 2011 se crearon algo más de 500 mil empleos. El pronóstico de José A. Gurría es que en 2012 se generará aproximadamente este mismo número de empleos. Esta noticia es muy triste ya que continuamos dejando sin posibilidades de trabajo cada vez a un mayor número de mexicanos. Esto a nadie beneficia. Insistimos en que la actual política económica de los últimos 11 años ha incrementado el desempleo y por lo tanto la pobreza; aunque los parámetros macroeconómicos indican una economía “sana”. Como físico conozco que los parámetros termodinámicos no reflejan el estado individual de todas las partículas de un sistema. Con esto quiero remarcar que aunque los indicadores económicos dicen que la economía mexicana tiene valores promedio equivalentes a muchos otros países, la situación de la mayoría de los mexicanos está muy lejana a la correspondiente a los ciudadanos de esos países. Es bien conocido que la distribución de la riqueza en la mayoría de los sistemas sociales no es la distribución normal o gaussiana, sino obedece a una relación de Pareto. En mi opinión, esta distribución no es la adecuada para conseguir el desarrollo sustentable, solamente indica que unos pocos tienen mucho y muchos tienen muy poco. Esta situación es inestable y lleva a cambios bruscos y a tensiones entre la sociedad o crisis periódicas similares a las que vivimos actualmente.

Quizá los parámetros macroeconómicos sean los adecuados para mantener el grado de inversión del país, pero los mismos inversionistas sufren los estragos de la disparidad entre la distribución de la riqueza en México.

Esta semana estuve platicando con un exitoso empresario morelense que ha tenido que huir a vivir a otro país por la inseguridad que estamos viviendo, aunque continúa con sus inversiones en el estado de Morelos. Claramente él tiene las posibilidades de vivir en otro lado con su familia; sin embargo, no puede disfrutar de México. Quizá se deba preguntar ¿qué sucedería si mis empleados ganaran más? Ésta es una pregunta directa, cruda y que no puede ser contestada fácilmente, ya que requiere de analizar el contexto y múltiples variables y situaciones. Es más, esta pregunta individualizada admite sólo una contundente respuesta: nada. Sin embargo, al colectivizarla, al hacerla a todos los empresarios y ampliarla a todos los sectores sociales, al gobierno, al sector educativo, al sector agropecuario, etc., es decir, al preguntarnos ¿qué pasaría si todos los empleados ganaran más dinero?, daríamos lugar a una reflexión que puede ayudarnos a resolver la intrincada problemática económico social y ambiental a la que nos enfrentamos. En mi opinión, la respuesta sería que los empresarios podrían ver disminuidas sus ganancias inmediatas; pero a largo plazo se activaría el mercado interno y habría más ventas y por lo tanto ganancias a largo plazo y viviríamos en una sociedad más segura. Esta reflexión puede recordar a los llamados socialistas utópicos o a la reciente izquierda darwinista que plantea la importancia de definir políticas económicas de largo plazo, con las que se puedan sobrepasar las contradicciones entre los intereses económicos, ambientales y sociales; es decir, hablar de políticas para el bien común.

En los últimos estudios sobre sistemas biológicos que he emprendido, me he convencido de que estos sistemas operan a máxima potencia, lo que indica que buscan usar la mayor cantidad de energía o de suministros para aumentar a toda costa su población; la mayoría de las veces en contra de su propia existencia. Lo mismo parece suceder con los sistemas sociales y económicos; por ejemplo, las empresas usualmente pretenden obtener el máximo beneficio en el menor tiempo posible, incluso en contra de su existencia en el largo plazo.

Solamente el hecho de conocer esta forma natural de operar de los sistemas biológicos, hecho que nos hace diferentes a los otros organismos vivos, es lo que puede cambiar la situación de agotamiento de los recursos naturales y sociales por parte de las actividades humanas. O sea, ahora tenemos que cambiar esa forma natural de proceder y utilizar una forma racional que genere un desarrollo sustentable.

Esto puede ser una utopía o un realismo para nuestra existencia.

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