Cuando de niña iba de visita al pueblo en que nació mi madre, vivía verdaderas e inolvidables aventuras. Desde que a los lejos todavía en la carretera, se vislumbraba esa especie de agujero en que está empotrado el pueblo, mi corazón cambiaba su ritmo, mi cuerpo todo se preparaba para ingresar en una dimensión distinta; era como un viaje al pasado.