Lamiendo las heridas

Pingo, el perro que en la casa de ustedes se siente el amo, tiene un grave problema derivado de su penúltima aventura (tiene un espíritu muy quijotesco el pobre) cuando a sus congéneres voluntarios para vigilarle las manos a Julio Espín Navarrete fueron literalmente atropellados por la multitud que el legislador local logró juntar (a 150 pesos por cabeza) para el acto de su registro como candidato a la alcaldía que ya tuvo en su poder entre 2000 y 2003.

Resulta que el Pingo, luego del percance –acudió también para vigilar como avanzaba el plan- quedó bastante averiado, pero el colmo fue que le volvieron apegar las pulgas y hoy está sometido a un tratamiento de “azuntol” para erradicarlas, pero dice que las de los priistas son muy resistentes.

Apenas está lamiendo las heridas a su ego, luego de un nuevo fracaso en sus proyectos para aplicarle sistema de control a los políticos, esos seres despiadados y que no tienen llevadero a la hora de acabar con los bienes públicos, a fin de restituir a los ciudadanos un poco de tranquilidad.

Y en su dolor, piensa que ahora sí debe ser muy radical, porque se ve en la necesidad de demostrar que los políticos no son a prueba de todo. Sólo son corruptos e inmorales, pero algún punto débil deben tener. Al menos eso piensa ahora que dice que buscará con más atención.

Así es que, políticos, a cuidarse.

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