Muertos de hambre

No puedo creer que se hagan tantas conferencias de prensa y se derroche tanta saliva para anunciar cosas tan intrascendentes como las relacionadas con el proceso para elegir nuevo dirigente nacional panista, con dos candidatos iguales pero diferentes: el sobrino nieto de Francisco I. Madero, que traiciona todos los días los ideales de su insigne antepasado, y Ernesto Cordero, sometido de manera directa e inocultable al presidente que no sólo saqueó y endeudó al país, sino que provocó un baño de sangre que no cesa del todo.

La estructura interna del PAN excluye al grueso de sus simpatizantes. Y para colmo, al menos en Morelos poca gente tiene el cerebro lo suficientemente empequeñecido como para apostar por los blanquiazules, una organización en la que sólo quedan aquellos que se beneficiaron y que apuestan por estirar la liga mediante los beneficios de las candidaturas plurinominales.

Lo mismo se puede decir de los priistas, igual de excluyentes, como lo muestra en Morelos que primero Jorge Schiafino nombra a su hijo (quizá no lo nombró pero firmó el nombramiento, que para el caso es lo mismo) como representante ante el IEE y luego, por la pena de la condena pública a tan evidente nepotismo, pone a Luis Rubén Cifuentes Carrillo, de las huestes surgidas de la vieja FEUM, que tiene como único mérito ser amigo de sus amigos. Ningún militante priista de base ocupará ese tipo de posiciones, reservadas nada más para los que tienen hambre, mucha, y requieren huesos con carne. De los demás partidos, ya para qué hablamos.

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