Para fines prácticos, el aĖo ya se termina esta semana, pues los días que siguen en el ámbito de la política, de la educación y de la justicia es de puras fiestas. Digan lo que digan.
Y por mucho que digan que es costumbre o tradición, lo cierto es que todos esos que descansarán de lo lindo durante largas semanas viven del dinero público.
Mientras las empresas privadas se esmeran en ser productivas, en el gobierno, a pesar de gastar en una secretaría de productividad, ésta brilla por su ausencia en las oficinas públicas.
Que brillante labor sería la de Reyes Adams, como se apellida el secretario encargado del trabajo y la "productividad", si por lo menos se tomará la molestia de abrir un diccionario para conocer el significado de esa palabreja que no respeta, quizá porque la desconoce.
Por supuesto, él es de los que tendrán largas vacaciones y abundantes fiestas en horas de oficina a partir de los próximos días. Lo que nos ahorraríamos de dinero si rebajaran su secretaría a la dimensión justa que le corresponde por el trabajo que rinde, una dirección dentro de otra dirección de facultades más amplias.
Pero claro, productividad en realidad significa en lenguaje burocrático "lo que deja dinero". Eso es lo productivo. Lo demás, ni cuenta.