El 30 de marzo de este mismo año escribimos una columna titulada “entre la incredulidad y la paranoia”, y hacíamos referencia a la pregunta que mucha gente se hacía en esas fechas: “¿Tú conoces a alguien que esté infectado por el coronavirus? Yo no y mis amigos tampoco”, esa era la frase que alimentaba la versión de que la epidemia fuera una invención del gobierno. Y en cierta forma tenían razón, pues todas las noticias que nos llegaban sobre muertes provenían del continente europeo. Del otro lado estaban los qu...