Érase una vez un buen hombre que quedó viudo y con una hija; se volvió a casar con una mujer que a su vez tenía un hijo, y por si fuera poco decidieron tener otro descendiente, de tal manera que ya tenían “la tuya, el mío y el nuestro”. Por si fuera poco decidieron adoptar al hijo de la trabajadora doméstica y hasta un sobrino se integró a la familia que llegó a vivir a la calle 4 de la colonia Transformación. De recién llegados todo era felicidad. Estaban muy contentos de llegar a una casa tan bonita como la qu...