En las últimas dos elecciones presidenciales, empresas encuestadoras tuvieron que admitir que se equivocaron, pidieron disculpas públicas y se retiraron. Eso sí, con los bolsillos llenos después de haber cumplido con el encargo de quienes les pagaron. La pregunta que flota en el aire es ¿y ahora quién les va a creer a los encuestadores? ¿Seguirá siendo un buen negocio jugar con la preferencia de los electores? Según la definición de José Antonio Crespo, las encuestas electorales tienen dos objetivos básicos, p...