El hígado graso no alcohólico es una enfermedad que se presenta cuando se acumula grasa en las células hepáticas, provocando inflamación. Si no se trata a tiempo, puede derivar en fibrosis, daño crónico o cirrosis, alertan especialistas.

Este padecimiento afecta a cerca del 20% de la población mundial, y factores como el sobrepeso, la obesidad, una vida sedentaria, dietas poco saludables y el consumo de alcohol aumentan su riesgo.
Para controlar esta condición, es fundamental hacer ejercicio, tomar medicamentos indicados y, sobre todo, modificar la alimentación. Expertos de la UNAM recomiendan evitar ciertos alimentos que empeoran la salud hepática:
Grasas saturadas: presentes en carnes rojas, lácteos enteros (crema, mantequilla, helado), comidas fritas y procesadas. Estas grasas dificultan la función del hígado y elevan el colesterol “malo”, aumentando el riesgo cardiovascular.
Grasas trans: ácidos grasos industriales que obstruyen arterias, encontrados en margarinas, botanas saladas, panadería industrial y alimentos congelados. La OMS advierte que elevan el riesgo de infarto.
Bebidas azucaradas: refrescos, jugos y cócteles contienen grandes cantidades de azúcar que pueden aumentar la presión arterial, la diabetes y otras enfermedades crónicas.
Alcohol: la Sociedad Española de Medicina Interna señala que su consumo empeora la acumulación de grasa en el hígado, elevando el riesgo de insuficiencia hepática y cáncer.

Por el contrario, existen alimentos que favorecen la salud hepática y pueden incluirse en la dieta:

Además de estas recomendaciones, es importante consultar a un especialista para recibir una dieta personalizada que se adapte a tu estilo de vida y necesidades específicas.
Cambiar hábitos alimenticios y adoptar un estilo de vida activo son pasos clave para mejorar el pronóstico y calidad de vida de quienes padecen hígado graso.