El espacio, en Ayala, reconoce a las mujeres que siguieron la lucha de Emiliano Zapata Salazar por la justicia social.
Ciudad Ayala. Los ecos de los pasos, las voces a la hora de la comida, la risa de la generala, quizá los proyectiles y los gritos de alerta por algún ataque armado, todo permanece, acunado por el tiempo.
Allí, adentro, entre fotografías con personajes y edificios antiguos, entre documentos teñidos de amarillo por los años y objetos cotidianos colmados de recuerdos, las mujeres ocupan un lugar preponderante.
Las zapatistas no están como fantasmas o sombras, aparecen en primer plano: con una carabina en las manos, en el campo de guerra, cuidando a los heridos o llevando de comer y beber a la tropa, en labores de espionaje y mensajería o diseñando estrategias de ataque y defensa, como es el caso de Amparo Salgado, María Esperanza Chavarría, María de la Luz Espinoza y Rosa Bobadilla, entre otras.
No están aquí como figuras secundarias ni como sombras detrás de los hombres armados. En el Museo de las Mujeres Zapatistas aparecen de frente: con carabina al hombro, rebozo cruzado, mirada firme y una determinación que sostuvo al movimiento armado desde múltiples trincheras.
La antigua casa de Josefa Espejo, esposa del general Emiliano Zapata, alberga hoy este recinto único en Morelos y primero en su tipo en México.
Más que un museo, el sitio funciona como un puente vivo entre el pasado y el presente; una deuda histórica que comenzó a saldarse hace apenas unos años y que continúa con espacios dedicados a las mujeres revolucionarias.
Recorrer sus espacios es entrar en lo más íntimo de una guerra contada desde las voces claras y agudas, desde los silencios femeninos, desde las manos que defendieron con armas y con amor los ideales del movimiento zapatista.
En la primera sala, la Revolución abandona por un momento el estruendo de las armas para mostrar la resistencia cotidiana. Ahí aparecen 39 mujeres que cocinaron, cargaron agua, molieron maíz, prepararon alimentos y caminaron largas distancias para llevar sustento a la tropa. También se exhiben escenas de convivencia en campamentos improvisados entre cuevas, montes y viviendas convertidas en refugios.
Entre vitrinas reposan 26 cartas escritas por mujeres al general Emiliano Zapata, con peticiones, reclamos, solicitudes de ayuda y testimonios de un tiempo de nuestra historia en la que escribir era también una forma de combate.
La segunda sala cambia al tono marcial. Se reconoce a 23 coronelas del Ejército Libertador del Sur, mujeres que participaron en espionaje, mensajería y planeación estratégica, y que en este recinto emergen desde el silencio para reclamar memoria.
¿Quién dijo que las mujeres sólo acompañaban a los hombres en la guerra? ¡Fueron combatientes en el campo de batalla!
La tercera sala prolonga los ideales revolucionarios. Allí se documenta la labor de 28 profesoras, escritoras, periodistas, enfermeras y activistas que mantuvieron vivo el ideario zapatista en otros terrenos: las aulas, la prensa, la organización social y la defensa comunitaria.
También están las mujeres jaramillistas y aquellas reconocidas como viudas de la Revolución.
Dentro de una vitrina, un telégrafo en sueño profundo da testimonio de la moderna forma de telecomunicación de aquella época.
El acervo incluye fotografías, documentos, testimonios sonoros y objetos personales de Josefa Espejo, entre ellos una colcha atribuida a Emiliano Zapata. Cada objeto cuenta una batalla, una espera, una ausencia o un duelo sin bronces ni mármol.
El museo fue inaugurado el pasado 10 de abril, en el marco del 107 aniversario luctuoso del Caudillo del Sur, con la presencia de la gobernadora Margarita González Saravia y la presidenta de México, Claudia Sheinbaum Pardo.
Durante el acto de apertura, la mandataria morelense resumió el sentido del proyecto:
"Este museo es un acto de justicia histórica para las mujeres que sostuvieron la lucha zapatista desde distintos frentes y que durante muchos años no fueron reconocidas. Las mujeres zapatistas no solo acompañaron la Revolución, la hicieron posible. Defendieron la tierra, sostuvieron a sus familias y participaron en la vida social y política. Este espacio reconoce su legado y lo conecta con las mujeres que hoy siguen luchando por sus derechos”.
La restauración del inmueble implicó una inversión superior a 7.4 millones de pesos, destinados a la conservación arquitectónica, urbanización, iluminación, jardinería y montaje museográfico, resultado de un esfuerzo conjunto entre el gobierno estatal, la Federación y el INAH.
Más allá de números y protocolos, el verdadero valor del museo está en devolver nombre y rostro a quienes durante años fueron excluidas y acaso aparecieron solamente como nota a pie de página.
En Ciudad Ayala, tierra ligada inevitablemente a Zapata, este espacio propone mirar la Revolución desde un punto de vista distinto y profundo: el de las mujeres que cargaron fusiles, heridas, secretos, hijos y esperanzas.
El Museo de las Mujeres Zapatistas se ubica en la avenida Lázaro Cárdenas, número 28, colonia Centro, en Ciudad Ayala, Morelos. Abre de miércoles a domingo, de 11:00 a 17:00 horas. La entrada es gratuita.

El proyecto es acompañado por el INAH y fue inaugurado el pasado 10 de abril por la presidenta Claudia Sheinbaum y la gobernadora Margarita González Saravia.








