El conflicto previo a los registros agudiza la belicosidad electorera. “El voto y el veto presidencial”, un acto legítimo inmerso en la comunicación gubernamental hoy involucrada en la “competencia epistolar” que protagonizan los partidos y sus candidatos, genera animadversión ante los posibles electores que aún no determinan el destino que tendrá el sufragio que emitirán el primero de julio.