A Tito Barrera Ocampo lo mataron el 21 de marzo de 2011 sin que haya hasta el momento ninguna persona procesada por su homicidio. Fue el último de los líderes obreros que realmente comenzó desde abajo. Los que estuvieron el pasado viernes en Palacio de Gobierno para tomarse la foto junto al secretario de Gobierno, nunca fueron trabajadores, uno es hijo de líder sindical y el otro siempre ha sido empresario.
De origen más que humilde, Tito nunca fue albañil, sino “chalán”, pero desde muy joven demostró un liderazgo nato que fue percibido por Ignacio Guerra, entonces secretario general del Sindicato de Trabajadores de la Construcción. Su complexión fornida, su tez morena y su cabellera larga eran características perfectas para convertirse en el hombre de las confianzas del líder de los albañiles.
Tito Barrera presenció el asesinato de su jefe tras una columna donde se resguardó de las balas que surgieron como consecuencia de la disputa de un contrato colectivo en una obra en construcción. Muerto el líder, el joven Tito asumió el liderazgo de los albañiles y muy pronto superó al maestro.
Cuando terminaron con su vida Tito ya no era el golpeador de antaño, ahora sólo disfrutaba de las ventajas de ser un líder poderoso. Ya no peleaba los contratos colectivos, ahora buscaba evitar las huelgas y así salía beneficiado. Los empresarios ya sabían que si querían construir algo en Morelos primero tenían que negociar con Tito Barrera, así que su fortuna era incalculable.
Pero el inicio de la primavera del 2011 estaba marcado como el final de su vida. Ese lunes recibió un mensaje de texto en su teléfono celular. “¿Vas a venir o qué?”, decía el mensaje en su teléfono que quedó en manos de la Procuraduría.
Sólo una dama podía hablarle de esa manera. Las cámaras de una tienda de autoservicio registraron su ingreso para comprar bebidas sin que se advirtiera nada extraño en su entorno. No lo seguían.
El líder sindical abordó su camioneta Dodge Journey y se dirigió a la colonia Lomas de Cortés, entre la avenida Teopanzolco y Nueva Italia, donde tenía un departamento. Ahí se detuvo pero dejó el motor encendido para poder usar el aire acondicionado.
Según testigos, un solitario sujeto a bordo de una motocicleta se le acercó y le disparó en dos ocasiones, para después acelerar su marcha. Un matón a sueldo armado con una 9mm, no había duda.
La Procuraduría de Justicia siguió varias líneas de investigación. Había mucha gente que se beneficiaría con su muerte, tanto líderes sindicales como empresarios, esposos ofendidos, gente que le debía dinero, socios en negocios, mujeres despechadas, etc. Las hipótesis eran interminables.
Un número encontrado en el teléfono celular del hoy occiso establecía la posibilidad de que Tito conociera o tuviera contacto telefónico con un integrante de la delincuencia organizada involucrado en el asesinato del hijo de Javier Sicilia. Después de eso ya nadie le quiso seguir.
A quince años de distancia a nadie le interesa que se resuelva el asesinato. Y lo que es peor, casi todos se han visto beneficiados con la ausencia de Tito Barrera, incluyendo sus parientes.
El Sindicalismo en Morelos ha cambiado mucho. Para empezar, las centrales obreras ya no tienen la misma fuerza que cuando vivía don Fidel Velázquez, cuando la CTM ponía presidentes de la República.
De los majestuosos desfiles en las calles de la ciudad de México sólo quedan algunas marchas como la del viernes de la Confederación Autónoma de Trabajadores y Empleados de México (CATEM) que sólo provocó caos vial con el desfile de sus camiones de volteo. Querían reunirse con la gobernadora pero ella optó por irse a Acapulco al Tianguis Turístico.
Tuvieron que conformarse con ser recibidos por el secretario de Gobierno, Edgar Maldonado, quien sostuvo una reunión de trabajo con representantes sindicales, “con el propósito de fortalecer el diálogo y estabilidad laboral en una obra estratégica para el desarrollo de Morelos a través de la construcción del distribuidor vial de la Universidad Autónoma del Estado de Morelos (UAEM)”, según se informó a través de un comunicado.
En el encuentro participaron Ricardo Morales Wright, por CATEM, y Ben Hur Hernández Bringas, del Nuevo Grupo Sindical (NGS), quienes expusieron planteamientos relacionados con las condiciones laborales, la representación sindical y el bienestar de sus agremiados.
Como lo mencionábamos al inicio de la columna, Hernández Bringas recibió la organización sindical por herencia, y él ha estudiado en las mejores universidades del estado; en tanto que Morales Wrigth (recordado por armar un escándalo en conocido centro de espectáculos de la colonia Vista Hermosa en marzo de 2017), siempre ha sido empresario. O sea, no hay auténticos trabajadores en la organización sindical, incluso hay un ex secretario de gobierno de Morelos.
Durante la reunión, “el encargado de la política interna reafirmó el compromiso del Gobierno del Estado, encabezado por Margarita González Saravia, de mantener una relación abierta, respetuosa y de colaboración con las organizaciones sindicales, privilegiando el diálogo como herramienta fundamental para la solución de conflictos y la construcción de consensos”. Traducción: ya se repartieron todo entre CATEM y NGS.
Al que dejaron fuera fue a la CTM, que se tuvo que conformar con hacer su propio desfile en el municipio de Jiutepec, para que pudiera encabezarlo el alcalde Eder Rodríguez Casillas, el único que llegó al cargo bajo las siglas del PRI, partido en el que nació esta organización que ya vive sus últimos años después de que dirigentes como Vinicio Limón sólo la saqueó y ahora vive de sus rentas.
HASTA MAÑANA.