Justo eso me pareció cuando leí el reparto de los órganos de control que el PRI dio a conocer el lunes, y donde aparecen nombres y apellidos que estaban ya en esa lista hace una década, por lo menos. Algunos de los que allí aparecen apenas son pequeñas variantes: en lugar de los padres aparecen los hijos, algunos hasta del mismo nombre. O ambos.