Ya he recibido varias quejas sobre el relato de la investigaciones de Pingo (el perro que en la casa de usted se siente el amo y que además tiene inclinaciones de politólogo) y de la iguana verde (su compañera en esta aventura). Un indignado lector -con parientes en la política- señalaba que en la columna de ayer se mencionaba que Pingo descubrió el poco tamaño del cerebro de los políticos.