Escucharlo es una invitación a entrecerrar los ojos y dejarme llevar por las olas que mi profesor hace correr en el aire. En ocasiones son tormentas las que provoca dentro del salón de clases; todas nosotras, a manera de sirenas encantadas por un Ulises con lentes que llega hasta las rocas donde cantamos el final de una adolescencia desquiciante, generamos un calor que nos hace movernos inquietas en el aula, mientras los chicos aprenden del maestro a poner ese matiz en las palabras capaz de mover a insurrecciones...