Cuando el primer gato llegó a casa, los dos padecían somnolencia en medio de una relación de dos décadas, que había sido, a veces, el séptimo círculo luminoso del paraíso; otras tantas, el penúltimo del infierno. El engendro gatuno fue traído por una dama pía, amante y salvadora de especímenes animales de todo tipo y ralea, justo cuando su vínculo marital navegaba en mares inciertos. Por eso, el enclenque animal significó para ella una sonrisa que la vida le prodigaba como consuelo, mientras llegaba la próxima...